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Autor: Serafin Bodelón García

Es mucho lo que se ha escrito sobre Lucrecio, Titus Lucretius Carus (ca. -99 a ca. -55), aún así, es todavía poco lo que de él sabemos, siendo una suerte que haya llegado hasta nosotros su obra De rerum natura o, como suele traducirse, Sobre la naturaleza de las cosas, poema latino que expone la filosofía de Epicuro de Samos. Para Lucrecio, el epicureísmo era la clave para desvelar los misterios del universo y la naturaleza de la felicidad humana. El epicureísmo, frente al resto de las filosofías clásicas, no pudo ser cristianizado en los siglos posteriores, difícil encaje tiene el cristianismo en una filosofía que pretende liberar a los hombres del miedo y, por consiguiente, de la religión a través de conocimiento y de la filosofía. En consecuencia, la ingente producción literaria y filosófica epicúrea desapareció con la implantación política del cristianismo. Sin embargo, el texto de Lucrecio no corrió la misma suerte, pues, tras ser editado por Cicerón, se convierte en un referente para la poesía latina. Es la calidad literaria y especialmente las imágenes literarias, lo que hace que este libro tenga que ser tenido en cuenta por toda la poesía posterior, a pesar de las noticias que se nos trasmiten para desprestigiar al autor de que el poema fue escrito entre intervalos de locura o las circunstancias de la muerte, que lo ligan al suicidio debido a desengaños amorosos, cuestión hoy ampliamente discutida y que parecen mas bien relatos literarios, al estilo de Schwob , que análisis históricos. En todo caso, el epicureísmo fue duramente atacado por los Padres de la Iglesia como San Eusevio de Cesarea o Tertuliano, autores que viven varios siglos después, quienes muchas veces intentaron confundir los principios del epicureísmo y mostrar las consecuencias de esos pensamientos en una vida depravada que conduce al suicidio.
A pesar de las distorsiones cristianas sobre la moral epicúrea, la obra dista mucho de ser un canto al libertinaje y a la vida de desenfreno, e incita a unos pocos preceptos importantes que permiten a los individuos un escape de sus propios deseos y pasiones. La obra se limita a observar con compasión a la pobre humanidad en su conjunto, incluyéndose a sí mismo, señalando la ignorancia, la infelicidad de la humanidad, e incita a mejorar, aunque sólo sea un poco más, todo aquello que nos rodea. No parece pues, ni la obra de un suicida, ni que seis libros con más de seis mil versos puedan haber sido escritos en intervalos de lucidez.
Sobre la transmisión del texto, las sucesivas ediciones y documentos que han llegado a nosotros de una forma más sistemática y profunda puede verse la primera parte de esta obra. Recogido por Cicerón, quien podría haber intervenido en la finalización de la obra, parece que fue Probo la mente ordenadora del poema lucreciano tal como nos fue transmitido, siendo el ejemplar que daría lugar al Arquetipo en capitales del siglo IV postulado y reconstruido por Lachmann. Al margen de las ediciones que pudieran ser realizadas con anterioridad , es ya en el siglo IX donde contamos con varias ediciones como son el Quadratus, las Schedae y el Oblongus, que cuentan con discrepancias, cuestión que no queda ahí, puesto que con posterioridad Poggio realiza una edición en la que introduce variaciones y que hace pensar, como señalamos anteriormente, que manejó otros textos que no han llegado hasta nosotros. Serafín Bodelón García, presenta este detallado anális filológico en 1987, en lo que fue su Tesis de Doctorado, dirigida por el Dr. Perfecto Rodríguez. Aunque su interés por Lucrecio había comenzado dos décadas antes bajo la dirección de Dr. Virgilio Bejarano y Valentí Fíol, en la Universidad de Barcelona y que le llevan a seguir la pista al desaparecido manuscrito lucreciano español, el Códice Zaragozano, y a obtener un microfilm del único conservado, el Códice Valenciano . De su estudio y de la comparación entre el Códice Valenciano con la edición de Valentí, encuentra una la cifra de 3.523 pasajes discordantes entre ellos. Evidentemente, muchas diferencias eran simples errores gráficos. Tras el proceso de examinatio de esas 1.108 posibles variantes surgidas de la colación del códice, que se vieron reducidas aproximadamente a algo menos de la mitad, tras desechar las no posibles por razones métricas o semánticas, se llegó al número de unos 353 loci estudiados en este trabajo y en los que, en muchos, hay en ocasiones más de dos variantes agrupadas.
A pesar de que el autor reconoce que el Códice Valenciano está muy contaminado, su substrato pertenece a la línea del Boccaccianus a través del F, resalta su importancia como heredero de una tercera rama de la tradición manuscrita lucreciana, a la que representa con bastante fidelidad.
Esta crítica textual lucerciana presentada por del Dr. Bodelón, parte de las grandes ediciones en el pasado como las de Lambino, Havercamp o Lachmann, por citar los más ínclitos nombres, y de los excelentes Comentarios lucrecianos, como los de Lachmann, Bailey o Ernout, que ellos mismos atestiguan que no se ha dicho la última palabra en multitud de puntos concretos; la aparición en escena de un nuevo manuscrito para todo el conjunto del De rerum natura y del Código zaragozano para el libro primero obliga inexorablemente a una nueva revisión; y por otra parte, el ingente cúmulo de artículos sobre crítica textual lucreciana aparecidos desde los celebrados comentarios de Bailey y de Ernout-Robin, invitan a una nueva puesta a punto de la crítica textual lucreciana que nos aporta Serafín Bodelón.
La crítica textual de los pasajes señalados, son analizados dentro de un respeto prudente hacia la tradición manuscrita lucreciana, contrastando la tradición directa con la indirecta, así como con las emendationes de los humanistas y las diuinationes de los filólogos y críticos posteriores. Bodelón, en cada texto discutido tiene en cuenta las opiniones de los eruditos modernos y evalúa las razones a favor y en contra de una manera sistemática, en lo que podríamos considerar un ejemplo de la aplicación del método filológico. En primer lugar se trata de mantener la tradición lucreciana de acuerdo con las fuentes manuscritas, siempre que ello ha sido posible; y aunque pone especial énfasis en las referidas por el Códice Valenciano, no por ello son admitidas sin más y, muchas veces, rechazadas a la luz de argumentos de mayor peso. El Códice valenciano, reconoce el autor, posee suficientes rasgos peculiares como para hacer de este trabajo una tarea original y a la vez estimulante, gracias a su conexión con las fuentes manuscritas más autorizadas; por ello, en ocasiones, se ha aceptado la variante ofrecida por el códice español, y, en otras, su errada grafía ha servido de pista con vistas a la localización de la lectio auténtica: en ambos casos el códice hispano se ha revelado útil y meritorio.
Así mismo, también ha sido tomado como referencia por Serafín Bodelón el Códice zaragozano, de cuya colación, realizada por Pascual Galindo, en 1926, se ha servido a lo largo del libro primero dado que del desaparecido códice sólo existe sólo esta colación de ese libro. Por todo ello, presentamos esta crítica textual del De rerum natura de Lucrecio que supone una gran aportación a los debates que hasta ahora no han podido tener estos textos de referencia.

Indice

Prólogo………………………………………………………………………………………….. 7
La tradición lucreciana………………………………………………………………………... 11
Tradicion directa………………………………………………………………………….. 11
Tradicion indirecta……………………………………………………………………….. 35
Abreviaturasy Siglas…………………………………………………………………….. 46
Libro I………………………………………………………………………………………….. 57
Libro II………………………………………………………………………………………… 159
Libro III………………………………………………………………………………………... 333
Libro IV………………………………………………………………………………………... 447
Libro V………………………………………………………………………………………… 555
Libro VI………………………………………………………………………………………... 653

ISBN: 978-84-15203-47-6

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